Journal de Comunicación Social 14(22), 81-96 enero-julio de 2026 ISSN impresa 2412-5733; ISSN online 2413-970x - DOI: https://doi.org/10.35319/jcomsoc.2026221339
Memoria oral e inteligencia artificial: análisis de relatos generados
Oral memory and artificial intelligence. Analysis of the narratives generated
Éner Chávez Humérez
Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia
https://orcid.org/0009-0003-0952-7722
enrchvz@gmail.com
Fecha de recepción: 12 de
febrero de 2026
Fecha de aceptación: 25 de marzo de 2026
Resumen: En este artículo se analiza la presencia de textos producidos con inteligencia artificial (IA) en un proyecto editorial de recopilación de memoria oral que trabajó el Estado boliviano con estudiantes de secundaria de todo el país. La investigación utilizó una metodología cualitativa. Al exponer cómo se filtraron y procesaron los relatos, se brindan pistas que ayudan a distinguir la redacción humana de la que es generada artificialmente, lo que al mismo tiempo constituye una reflexión sobre la escritura. Desde el caso enfocado, se examinan las interacciones con este tipo de tecnología en la sociedad actual.
Palabras clave: Inteligencia artificial, material de lectura, tradición oral, editorial, literatura nacional, redacción, cambio cultural, Bolivia
Abstract: This article analyzes the presence of texts produced using artificial intelligence (AI) in an oral history collection project undertaken by the Bolivian government with secondary school students from across the country. The research used a qualitative methodology. By explaining how the narratives are filtered and processed, the article provides clues that help distinguish human writing from artificially generated texts, thus prompting reflection on the nature of writing itself. Through this case study, the article examines interactions with this type of technology in contemporary society.
Keywords: Artificial intelligence, reading materials, oral tradition, publishers, national literatures, writing, cultural change, Bolivia
I. Introducción
En los últimos años el uso de inteligencia artificial (IA)[1] se ha extendido a una diversidad de aspectos de la realidad social, la memoria oral es uno de ellos. Estos elementos, que figuran en el título del artículo, parecen pertenecer a dimensiones opuestas, uno es asociado a un pasado tradicional mientras que el otro, al futuro. Al mismo tiempo, las connotaciones de autenticidad los diferencian, uno se asocia con lo auténtico, los “saberes ancestrales” (y las relaciones personales); el otro con lo falso, justamente lo “artificial” (e impersonal). Sin embargo, ambos están en el presente, interactúan entre sí.
Actualmente se han realizado investigaciones sobre el uso de IA; pero están centradas en su influencia en la escritura académica, la dependencia que puede generar y/o los debates sobre la autoría. El área que une los elementos aquí enfocados permanece poco explorada, de ahí la necesidad de analizarla.
Este artículo es el resultado de una investigación independiente que tiene el objetivo de reflexionar sobre la capacidad de la IA para transformar la cultura. Enfoca la presencia de redacción artificial en relatos enviados a la Editorial del Estado Plurinacional de Bolivia (EEPB), como parte de un proyecto editorial de recopilación de memoria oral que buscaba fomentar la lectura, escritura y capacidades investigativas de jóvenes adolescentes de nivel secundario de diferentes unidades educativas del país. El análisis surge de la experiencia de primera mano al procesar el material (entre junio de 2024 y agosto del 2025), primero como editor y después como responsable del área de edición de esa institución. En el proceso, se planteó la pregunta: ¿qué impacto social puede tener el uso de IA en la generación de esa clase de textos?
A continuación, después del repaso por la literatura, el marco teórico y de detallar la metodología, se realiza la descripción del proyecto en cuestión. Luego, se brindan algunas pistas que ayuden a identificar la escritura artificial, porque entender su influencia requiere poder diferenciarla; lo que además proporciona una reflexión en torno a la escritura. Posteriormente, se ofrece un análisis de la relación de esta herramienta con la memoria oral y, para finalizar, se presentan conclusiones preliminares al respecto, donde se resalta el espacio cada vez mayor que la IA ocupa en la realidad y cómo contribuye a construirla.
II. Estado del arte y marco teórico
Para desarrollar esta investigación, es necesario considerar la compleja dicotomía oral-escrito. Diversas investigaciones analizan las dimensiones en que interactúan, como la de Porroche Ballesteros (2012), que estudia los rasgos orales en las columnas de opinión de periódicos de Zaragoza, y ve que estas no son concebidas para la oralidad, pero usan estratégicamente ciertas características del registro oral para generar proximidad comunicativa con los lectores (imitar lo coloquial, hacer énfasis en la expresión subjetiva y dar la sensación de interactividad). Por su parte, Bach y Costa (2020) estudian los chats de Whatsapp de jóvenes catalanes entre 18 y 22 años; es un nuevo contexto de comunicación virtual e instantánea, que combina la estabilidad de lo escrito con la espontaneidad de lo oral. Debido a los minutos —o más— que da el chat para pensar una respuesta (raros en una conversación cara a cara), lo caracterizan como “semiespontáneo” y “cuasisincrónico”, lo que pone en cuestión la división oral-escrito y planea un continuo entre ambos. Además, señalan que el formato del chat se aproxima a la conversación oral coloquial, aunque reconocen que varía según el interlocutor (no es lo mismo chatear con amigos que con figuras de autoridad, ni un chat grupal o uno individual). Michalsen (2019/2022) también se refiere a la influencia del chat en la escritura, por ejemplo, al señalar un nuevo significado del punto aparte; tradicionalmente solo marcaba el final del enunciado, pero en los chats adquiere una connotación negativa y sugiere cierta hostilidad. Este autor hace un recorrido histórico por la evolución de los signos de puntuación y enfatiza cómo la forma de entender la lectura influye en el lugar y función de estos, porque un texto pensado para ser recitado no se estructura de la misma manera que otro pensado para ser leído en privado, y la puntuación lo refleja[2].
Más allá de esa dicotomía, otros autores enfatizan el componente cultural-identitario de la oralidad. Destéfanis y Castells (2024) entienden la tradición oral como la memoria viva de las comunidades, con un fuerte vínculo entre las historias y los lugares donde se produjeron, además de que estas no tienen un autor concreto y pueden actualizarse cada vez que se narran. Estos autores también reivindican la diversidad cultural frente a políticas homogeneizadoras (o “transculturadoras”) u otras acciones que descontextualizan los elementos de los relatos para el consumo de un público ajeno. Por otro lado, Fernández Fernández et al. (2022) señalan que los contenidos ajenos al contexto cultural obstaculizan la educación, y se refieren a un proyecto que incluía recopilación de historias de origen y tradición oral —en dos instituciones educativas de una comunidad indígena en Colombia— con el objetivo de despertar el interés por la lectura y la escritura, al mismo tiempo que pretendía apoyar la lucha de las comunidades por mantener viva su cultura. Trabajaron con 23 estudiantes (de entre 8 y 14 años) y 6 “sabedores” ancianos, buscando propiciar un punto de encuentro generacional. Ese proyecto tiene ciertas similitudes con el que se analiza en este artículo, con diferencias importantes en cuanto a la magnitud de la población enfocada y el grado de seguimiento realizado con las y los estudiantes.
Asimismo, es necesario revisar la relación entre escritura e IA. Las investigaciones que la analizan tienden a centrar su atención en la redacción académica, donde se debe sustentar lo argumentado, y emplear esta herramienta puede ser visto como una forma de deshonestidad intelectual; en ese sentido, distintos autores proporcionan recomendaciones para distinguirla (Chávez-Martínez, 2026; Fuente-Ballesteros & Zuin Zeidler, 2026). Sin embargo, la situación es más compleja, Mondal (2025) señala que la actual lectura constante de textos generados artificialmente cambia cómo se escribe, porque los humanos ya adquirimos su estilo; también que el mercado editorial está cambiando y ahora incluye la “humanización” de textos artificiales como parte del trabajo, y sugiere priorizar el análisis del contenido antes que la detección de IA. Diversas investigaciones muestran optimismo en el potencial de esta herramienta (Cassany, 2024; Colmán López, 2025; Fuente-Ballesteros & Zuin Zeidler, 2026; Morales Pozo, 2025), pero no dejan de advertir sobre posibles dificultades y la necesidad de establecer usos claros, considerando que se corre el riesgo de depender de la tecnología, de reproducir datos inventados y de homogenizar los contenidos. Castro-Martínez et. al (2025) se refieren a este último al sostener que la IA suele ser entrenada con datos donde las minorías y las mujeres están infrarrepresentadas, esto contribuye a replicar estereotipos; señalan que depende de las y los usuarios manejarla conscientemente. Sobre la autenticidad del contenido, Cassany (2024) ve la necesidad de revisar los datos para evitar las “alucinaciones”, que son “las imprecisiones, errores o incluso invenciones que puede producir la IAG en sus resultados, que constituyen uno de sus riesgos principales” (p. 323).
Por otra parte, Fuente-Ballesteros y Zuin Zeidler (2026) realizan un breve balance sobre el uso de la IA en el ámbito editorial académico, señalan que hay interés en analizar su presencia en la elaboración de manuscritos, pero que es poco explorada en la evaluación por pares ciegos para publicación en revistas especializadas, aunque un creciente número de revisores la usan para dar sus veredictos (evadiendo las restricciones editoriales). Esto impacta en la redacción misma, porque se evitan palabras o formas de estructurar los argumentos que puedan parecer artificiales, limitando las capacidades expresivas; también afecta al estado de ánimo de las y los autores, al ver que su artículo fue evaluado a la ligera. Por último, advierten sobre la necesidad de cambiar el modelo de revisión (que suele dar poco tiempo y escasos incentivos a revisores) para que no sea un mero trámite y tenga un impacto académico positivo. Saliendo de la escritura académica, artículos como el de Morales Pozo (2025) exploran el impacto de la IA en el arte, ella tiene una perspectiva optimista al señalar que permite expresarse sin necesidad de depender del dominio de la técnica. Colmán López (2025) también ve su influencia en el arte y plantea dudas sobre los derechos de autor, ¿son de quien pide que se genere algo? ¿De quien desarrolló la IA? ¿O de la misma IA? Esto podría poner en cuestión su caracterización como “herramienta”, pero ese debate sale de los límites de este artículo (la memoria oral no tiene autores en un sentido tradicional).
Finalmente, esta investigación se enmarca en la teoría planteada por Latour (1991/2007), quien reconoce la agencia de los objetos (cuasi-objetos), que forman parte de redes donde humanos y no humanos interactuamos. Por mediación del laboratorio (de la “ciencia natural”), ese espacio que suele ser ajeno para quienes hacen ciencia social, naturaleza y sociedad se articulan para formar objetos híbridos que contribuyen a configurar el mundo social actual.
En ese sentido, este artículo entiende a los libros como mediadores de relaciones sociales en redes amplias. Son constituidos en el ámbito editorial (no en laboratorios), que en muchos sentidos también llega a ser bastante desconocido (¿cuánta gente sabe cómo se hace un libro?); y articulan redes donde autores, diseñadores, editores, burócratas, imprentas, computadoras, tintas, papel, vendedores, lectores y demás interactúan para darles existencia social. Así, se explora el lugar que comienza a ocupar, desde un proyecto concreto con características específicas, un nuevo actor: la IA.
III. Metodología
Esta investigación tiene una metodología cualitativa, se basa en el trabajo editorial de primera mano al procesar decenas de relatos enviados a un proyecto de recopilación de memoria oral trabajado por la EEPB (que se describe a detalle en el siguiente subtítulo). Fue una especie de proceso de “observación participante” como editor (entre junio de 2024 y agosto del 2025) y responsable del área específica (de octubre de 2024 a agosto del 2025) en la EEPB. Durante ese tiempo, con el equipo encargado de procesar el material, se analizó y debatió sobre un sinnúmero de situaciones editoriales.
Por otro lado, se realiza un análisis gramatical de los textos pertenecientes al proyecto y de otros que se revisa de modo complementario. En el análisis de los textos, se da atención a aspectos del léxico (las palabras usadas), la sintaxis (cómo se estructuran las historias, más notorio en el uso de signos de puntuación) y la semántica (en el contenido de los relatos generados por IA), entre otros (como el fonético, al explorar las formas de acentuación). Estos elementos son centrales para desentrañar el trabajo editorial y analizar cómo la redacción artificial se hace espacio en la sociedad y puede llegar a transformarla.
IV. Resultados
IV.1. Descripción del proyecto editorial
Este artículo analiza el caso de la colección Rescatando la memoria de nuestras abuelas y abuelos, basada en una convocatoria dirigida a estudiantes de secundaria (de entre 12 y 17 años aproximadamente) de unidades educativas de todo el país, que estuvo activa durante los años 2024 y 2025. La convocatoria tenía como objetivo “Fomentar procesos cognitivos y de investigación, para recuperar la memoria de los pueblos mediante la recopilación de cuentos y relatos provenientes de las abuelas y abuelos en el territorio boliviano” (EEPB, 2025, p. 1). Destacan dos dimensiones: el fomento de las capacidades investigativas en estudiantes de secundaria y la recuperación de la memoria oral. Los textos enviados debían:
circunscribirse dentro de la temática de recuperación de saberes y conocimientos locales de la memoria comunitaria y de los pueblos, heredada por la historia y tradición oral de nuestras abuelas y abuelos, producto de entrevistas realizadas a miembros adultos/as mayores de las comunidades y/o familias (p. 1).
En ese sentido, la mayoría de lo recolectado contenía leyendas; encuentros con personajes como duendes, kharisiris (una especie de brujo andino), condenados, fantasmas; anécdotas de la infancia de los relatores, sobre cómo conocieron a sus parejas o la experiencia de algún miembro de la familia en un acontecimiento histórico (como la guerra del Chaco).
Para participar, cada unidad educativa interesada debía reunir las narraciones recopiladas por sus estudiantes y enviarlas en conjunto; esto normalmente se hacía bajo el liderazgo de un/a profesor/a de Lenguaje. La planificación inicial consideraba que cada libro contendría entre 7 a 12 narraciones correspondientes a una sola unidad educativa, pero ocasionalmente era necesario unir las seleccionadas de dos de estas para lograr una extensión aceptable.
Rescatando la memoria de nuestras abuelas y abuelos llegó a los 23 números. Se publicaron obras de Tarija, La Paz, Santa Cruz, Oruro y Cochabamba, más un par de números especiales trabajados con la Escuela Secundaria República de Bolivia, ubicada en ciudad de México. Por la migración, en cada libro podía haber relatos de distintos departamentos, dependía del lugar de origen de las y los entrevistados; por ejemplo, leyendas potosinas en un ejemplar cruceño, benianas en uno paceño y demás.
Con el afán de ampliar el alcance del proyecto, las autoridades de la EEPB coordinaron la socialización de la convocatoria (de esta y de otra dirigida a estudiantes de primaria) con las direcciones departamentales de educación. Como resultado, llegaron cientos de relatos de todo el país.
Hubo diversas formas en que trabajaron las y los profesores, con amplia variación en el grado de compromiso asumido en cada unidad educativa. El involucramiento inicial de tutores también fue heterogéneo, muchos/as se enteraban del proyecto cuando se les contactaba para solicitar la documentación necesaria para proceder con la publicación. Es decir, para algunos/as estudiantes, el trabajo de recopilación era otra tarea más que, en un contexto educativo que prioriza la nota sobre los procesos educativos, era pasible a hacerse con IA.
IV.2. Escritura artificial
Al trabajar los primeros ejemplares de la colección, entre las y los editores había un estado de alerta permanente frente a la posibilidad de plagio. En un proyecto de elaboración de cuentos, trabajado con estudiantes de primaria de todo el país, ya se había identificado copias textuales de páginas de internet o libros (como Las fábulas de Esopo); e incluso casos más difíciles de rastrear, que las y los niños vieron en algún video (de Youtube o alguna serie) y lo contaban con sus propias palabras. Pero aún no se había enfrentado a la escritura con IA, que estuvo permanentemente presente entre los textos de secundaria.
Al inicio, los relatos cuyas características producían desconfianza (por cuestiones de forma y contenido, que se describirán en las siguientes páginas) eran rigurosamente investigados. Al no encontrar fuentes plagiadas, pasaban las primeras etapas de selección. Eventualmente se comenzó a considerar la posibilidad de redacción con IA y se empleó software especializado en detección; los resultados así obtenidos concordaban con las inquietudes de las y los editores.
Hay una gran variedad de detectores de contenido generados artificialmente, con resultados variables; sin embargo, ninguno es 100% fiable (distintos autores coinciden con esta apreciación, como Cassany, 2024; Chávez-Martínez, 2026; Mondal, 2025). Aunque entre las y los editores ya se tenía la capacidad de identificar la escritura artificial, en la EEPB era necesario recurrir a una de estas herramientas por dos motivos: 1) mayor respaldo en las decisiones, frente a posibles reclamos de autores (o sus padres y profesores), y 2) la reducción del tiempo en la selección. Esto último porque algunos relatos pasaban las primeras etapas, y al momento de editarlos —de analizar la redacción al detalle— resaltaban los elementos sospechosos, lo que solía implicar su descarte y tener que volver al inicio.
Para tener uso ilimitado, la EEPB contrató el servicio prémium de una página web especializada que fue elegida porque sus resultados coincidían con las sospechas; es decir, marcaba como generado por IA los fragmentos que producían desconfianza. Eso podría interpretarse como una posible confirmación de sesgos; no obstante, Chávez-Martínez (2026) lo ve del modo contrario, sostiene que la revisión atenta de lectores humanos es la mejor forma de superar las limitaciones de este tipo de herramientas[3].
Aquel autor identifica algunas características recurrentes en la redacción artificial de documentos académicos, mismas que coinciden con las observaciones realizadas en este proyecto, como construcciones del tipo “no solo... sino también”, o que “las palabras, las frases y las transiciones siguen patrones regulares que generan fluidez, pero también monotonía” (Chávez-Martínez, 2026, p. 2). En el proyecto bajo análisis también se notó una presencia excesiva de adornos: “Era una mujer de ojos sabios y manos temblorosas por los años, pero su conocimiento sobre las plantas medicinales era profundo y puro, como el agua de un manantial”, o “sus casas parecían danzar al ritmo del canto de los pájaros, y sus campos, de un verde exuberante, recordaban a una selva en miniatura”, o “donde el viento silba entre las montañas y los ríos cantan antiguas melodías”[4], además del uso de comas.
La mayoría de los manuscritos humanos (en distintos proyectos que trabajó la EEPB) tenían serios problemas con los signos de puntuación, como las comas en lugares arbitrarios y separando elementos de la oración que no deberían separarse. No obstante, en los relatos generados por IA, el texto tiene estructuras que se apoyan en una aplicación gramaticalmente “correcta” de los signos de puntuación. Aunque, por las bases de datos que alimentan esta tecnología, puede haber influencia del inglés, como en el caso de la llamada “coma de Oxford” antes de la “y” en una numeración, incorrecta en el castellano (ejemplo: “papas, maíz, y charqui”).
En este punto es útil revisar el recorrido histórico por la evolución de los signos de puntuación que ofrece Michalsen (2019/2022), quien pone especial atención en la función de la lectura. Para resumirlo al extremo, inicialmente se hacía en voz alta, no se consideraba la idea de leer en silencio. La escritura era scriptio continua, lo que significa que no había separación entre palabras, tampoco letras minúsculas; todo eso la hacía difícil de entender, era más un apoyo a la memoria para recitar frente a grupos de gente. Con el tiempo, lentamente se fue desarrollando un método de puntuación con pausas orales, que trataban de marcar el ritmo del habla. Ese es un sistema retórico.
Con la invención de la imprenta fue necesario consolidar un sistema más estandarizado, que pudiera ser comprendido por lectores ajenos al contexto de producción de lo escrito; además, la lectura comenzó a realizarse en silencio, se hizo más individual y personal. Dejó de ser solo un apoyo para la oralidad. Con esos cambios ganó fuerza una forma de puntuación que pone mayor atención en la estructura del párrafo y las oraciones. Ese es un sistema gramatical.
Para Michalsen, es recomendable escribir considerando ambos tipos de puntuación. Aunque señala que, con los chats y las interacciones actuales en internet, la escritura adquiere una forma de diálogo y se aproxima al estilo oral de las conversaciones cotidianas, donde recobra fuerza el sistema retórico. Esa es una posible explicación para algunas comas “arbitrarias” en textos humanos: una redacción que intenta aproximarse a los ritmos variables de un discurso hablado (muchas veces sin lograrlo). Así, la puntuación gramatical puede ser un indicio de generación artificial, especialmente cuando el material debería tener base en la oralidad[5].
Aparentemente, la falta de tildes no es un indicador fiable. Es posible que en el proyecto examinado se tratara de un intento insuficiente de introducir errores para hacer el documento “más humano”. Para una mejor evaluación, parece ser más efectivo analizar la estructura de oraciones, párrafos y el documento en general; especialmente en la recurrencia. Sin embargo, se trata de modelos de lenguaje dinámicos, en constante evolución, por lo que tampoco es suficiente numerar un listado de características a revisar durante la evaluación (este dinamismo también provoca resultados variables entre distintas herramientas de detección y en la misma a lo largo del tiempo).
Lo mencionado hasta ahora funciona al nivel de la forma, pero el contenido de textos generados por IA también tiene sus características. Las “alucinaciones” (lo que “se inventa”) son una constante y un problema serio en documentos académicos; cuando se trabaja el rescate de memoria oral, parte del riesgo está en replicar clichés o relatos genéricos sin relación con un lugar concreto:
Un día, un forastero llegó al pueblo. Era un hombre apuesto y distinguido, cuyas ropas elegantes y modales refinados lo hacían destacar entre los sencillos aldeanos. El forastero no tardó en fijarse en la joven campesina, y pronto comenzó a cortejarla. Día tras día, le susurraba promesas de amor eterno, de una vida llena de lujos y aventuras más allá de las montañas que rodeaban el pueblo. La joven, que nunca antes había experimentado algo tan emocionante, se enamoró profundamente de él (EEPB, s.f.).
Pero la falta de mención de lugares o tiempos específicos no es un indicador suficiente. También ocurre con textos sobre acontecimientos históricos, como el siguiente fragmento supuestamente narrado por un excombatiente de la guerra del Chaco:
El terreno, aunque desafiante, ofrecía oportunidades para ocultarnos y evitar ser detectados. Nuestra apariencia desaliñada y el entorno denso ayudaron a camuflarnos entre los civiles paraguayos. Cada edificio en el que nos refugiamos nos proporcionó un breve respiro y una oportunidad para reorganizarnos. Utilizamos nuestra inteligencia y coordinación para movernos sigilosamente hasta que finalmente logramos llegar a un terreno neutral (EEPB, s.f.).
La situación de escape descrita parece referirse a una guerra más citadina, con mayor cantidad de construcciones y civiles involucrados en el campo de batalla. Es un relato inverosímil por las características en las que se desarrolló la guerra del Chaco.
Sin embargo, no siempre es tan obvio como en estos ejemplos (en los que incluso el léxico da pistas, al usar palabras poco comunes en el contexto boliviano, como “aldeanos”), hay relatos donde es más difícil reconocer la artificialidad. Para hacer una identificación desde el contenido, sirve tener conocimientos del tema (o la región y sus leyendas, en este caso). No se puede dominar todos los temas, pero es útil investigar un poco para informarse mejor. También se debe tomar en cuenta que existe IA que trabaja con documentos específicos proporcionados por el usuario, lo que reduce la posibilidad de alucinaciones (es decir, menos información falsa en el resultado). Además, es necesario considerar constantemente qué tan subjetivos son los criterios que se aplican en una situación concreta, para no señalar como IA algo que simplemente no se asemeja a lo que el lector está acostumbrado.
IV.3. Edición y corrección con IA
Hasta ahora se ha tratado la redacción artificial como si solo hubiese la opción de generar íntegramente los contenidos. Aparte de los resultados variables según el prompt empleado (la instrucción que se da)[6], también se la utiliza para editar y corregir escritura humana (entre otras posibilidades, como pedir ideas de temas, sugerencia de fuentes, etc.).
Al consultar con algunos autores sobre elementos sospechosos encontrados en sus manuscritos (en otros proyectos), respondían que solamente usaron la IA para afinar fragmentos que les parecían mal redactados. Más allá de la posible comprobación de lo señalado (comparando borradores sin intervenir), trabajar de este modo también tiene complicaciones.
En páginas anteriores se indicó que la puntuación gramatical llega a ser inadecuada en textos con características orales, con las tildes pasa algo similar (aunque puede ser debatible). Hay palabras que suelen pronunciarse diferente del modo “correcto”; es el caso de apúrate, que en el occidente del país se pronuncia como apuráte. Según los criterios de la Real Academia Española, tal palabra es errónea, no se acepta ni como apurate (aplicando la norma, porque, al ser pronunciada como palabra grave o llana y terminar en vocal, no llevaría tilde). La IA, en un rol de edición, corregiría automáticamente la palabra, mientras que un editor humano puede al menos considerarlo. Pasa algo similar con términos muy regionales, como la palabra valienta en el oriente del país, que se usa como un antónimo de floja, aunque formalmente “está mal”. Son detalles para reflexionar con los que esta tecnología presenta limitaciones.
Las dificultades de la edición artificial no se restringen a documentos originados en la oralidad (y que deban conservar, al menos en parte, sus características). En un libro distinto, las mismas limitaciones de escritura que llevaron al autor a buscar ayuda en la IA hicieron que esta tecnología “no entienda” lo que esa persona trataba de decir. Como resultado, le cambió el sentido, produciendo un párrafo que saltaba a un tema que al autor no le interesaba tratar. La combinación entre falencias en la redacción y edición automática de la IA da mayor espacio a las alucinaciones. No basta con pedirle que lo arregle, es una herramienta que se debe aprender a manejar, sin prescindir de las revisiones humanas. Y, al menos por ahora, notar el estilo artificial en un documento le resta credibilidad, pone en cuestión su calidad y puede producir dudas sobre las aptitudes del autor.
Editar un texto que tiene base en la memoria oral requiere cuidar que las formas conserven sus rasgos; pero, por la variación en el nivel de compromiso y las metodologías empleadas por las y los profesores, los relatos de Rescatando la memoria de nuestras abuelas y abuelos tenían diferentes grados de oralidad. Fuera de las historias generadas y/o corregidas artificialmente (sin base oral o ya intervenidas, que fueron descartadas), existían aquellas que los adultos narraron y los estudiantes redactaron con sus propias palabras; conservaban el contenido y cambiaba la forma. También estaban las que pretendían ser una transcripción literal de lo narrado por la o el adulto, aunque, al no acompañar el texto con los audios correspondientes (que tampoco era requisito para participar en la convocatoria), no se puede conocer el nivel de exactitud. A esto se suma el trabajo mismo de edición que, a pesar del esfuerzo por mantener la fidelidad con las formas y el contenido, ocasionalmente requiere ajustar o incluso reescribir algunos fragmentos para evitar la repetición de información, hacer comprensible un fragmento o similares (solía pasar en los casos de estudiantes que lo redactaban con sus propias palabras o con narradores que iban recordando según lo contaban). Eso sin considerar los posibles diferentes niveles de rigurosidad metodológica para trabajar la oralidad, como en la lingüística, que emplea la transcripción fonética, impensable en este proyecto. Así, cualquier intento de tomar ese tipo de publicaciones como fuente primaria de información debe realizarse con cuidado y sin olvidar que las formas pueden haber sufrido modificaciones.
IV.4. Homogeneización cultural
El contenido del proyecto analizado entra en lo que Destéfanis y Castells (2024) señalan como “oratura”, donde se enfatiza la cultura de los grupos sociales que la producen. Ahí radica la necesidad de filtrar los textos generados mediante IA porque, si bien las y los investigadores capacitados pueden evaluar su validez como fuente primaria de información, el público meta eran las y los mismos jóvenes de secundaria de todo el país, a quienes probablemente ni se les ocurriría cuestionar la autenticidad de historias como la siguiente:
En este lugar, vivía un espíritu guardián llamado Inti, que estaba siempre vigilante en las montañas. Era el protector del pueblo y de sus tradiciones. Cada año, durante el festival de Inti Raymi, los aldeanos se ponían a bailar y a hacer rituales para dar gracias por la buena fortuna. Pero había una regla que todos conocían: si alguien faltaba al respeto a la tierra o a las costumbres, las cosas podrían ponerse feas. A pesar de esto, algunos jóvenes, llenos de ganas de aventura, comenzaron a ignorar las enseñanzas de sus abuelos. Estaba Timmy, un cazador buenísimo, y Cory, un soñador que quería algo más que la vida en el pueblo. Pensaron que podrían encontrar tesoros escondidos en montañas lejanas, así que se fueron a explorar sin contarle a nadie …
De repente, apareció una figura del agua. Era Inti. Su voz era profunda como un trueno, y su mirada parecía atravesar el alma. “¡Chicos imprudentes!” les dijo. “¿Por qué desprecian a Pachamama?” Los amigos trataron de explicar que solo buscaban aventura y riquezas, pero Inti no parecía muy convencido. “La verdadera riqueza no está en lo material, sino en cuidar y respetar la vida y la tierra. ¡Los haré sentir la furia de una tormenta!” Y, al instante, un viento fuerte y oscuro comenzó a azotar Huasa Cancha. (EEPB, s.f.).
El proyecto editorial hacía cierto énfasis en el fomento a la interacción entre regiones. El fragmento anterior supuestamente pertenece a una leyenda chuquisaqueña, y jóvenes de otros departamentos pueden creerlo. Es más probable que les cueste reconocer la artificialidad del contenido e ignoren el distinto rol de Inti (que pasó de dios a espíritu guardián; aunque ese cambio podría ocurrir, es problemático que tenga su origen en un texto generado con IA), o los nombres de los protagonistas, o la mención forzada al Inti Raymi y los elementos tan genéricos que componen el relato.
Un libro de recopilación de memoria oral que incluya relatos artificiales camuflados puede llegar a legitimarlos por encima de otros que sí pertenecen al lugar. Ya sean condenados o duendes haciendo cosas que no son habituales que hagan, o situaciones de la guerra del Chaco como la que se citó antes, se corre el riesgo de introducir elementos ajenos en la “memoria” de determinado lugar, o de crear un falso diálogo entre regiones. Son relaciones complicadas en sí mismas, y con la IA adquieren nuevos niveles de complejidad.
V. Discusión
En este artículo no se plantea que se deba iniciar una batalla por conservar la pureza de la cultura; si bien se suele pensar a la memoria oral como un ejemplo de lo “auténtico”, se producen interferencias de todo tipo. El mismo sincretismo religioso es un ejemplo de ese dinamismo, o las conexiones que se hacía en el país entre el covid-19 y los kharisiris; puede haber combinaciones de todo tipo. En un proyecto editorial se debe cuidar estos aspectos; pero la sociedad es más compleja, distintos elementos se influyen mutuamente, y lo que resuena queda en la memoria. Si lo publicado no encuentra eco en alguien, es un texto de mala calidad, sea artificial o humano. Al mismo tiempo, se realiza bastante crítica académica sobre el folklorismo utilitario que suele promover el Estado, por lo que una publicación descuidada en estos aspectos no significaría un gran quiebre; aunque sí pondría en el centro del debate el tema de quién tiene el control sobre los contenidos que se difunden, que ya no estaría en los Estados y ahora también dependería del modo en que se construyeron estas herramientas. La IA es otro elemento más en juego, transforma la sociedad de maneras que hace falta estudiar. No basta dejarla de lado, hay que analizar su presencia en diferentes contextos; si homogeniza, en qué sentido lo hace, o qué tipo de cambios produce (y no se puede excluir la posibilidad de todo tipo de usos).
A su vez, proliferan los debates y análisis sobre la responsabilidad al utilizar esta tecnología. Fuera de las alucinaciones y la estandarización cultural que induce, al basarse en datos sesgados hacia las “voces dominantes”, son modelos propensos a reproducir prejuicios y estereotipos con sectores ajenos infrarrepresentados, como lo refieren Castro-Martínez et al (2025). Ellos sugieren un rol más activo de los usuarios (a quienes llaman “prosumidores”, haciendo énfasis en que son productores y consumidores a la vez), pretenden fomentar la reflexión sobre los resultados que arrojan, que no sean simplemente aceptados y usados acríticamente. Cassany (2024) va más allá y se refiere a la “escritura híbrida humano-IA”:
La colaboración entre humano e IAG será habitual en el futuro, igual que hasta ahora para escribir hemos usado el diccionario, el traductor o el verificador. Intentar descubrir dónde termina lo humano y empieza lo artificial será inútil y no cambia el valor final del escrito (p. 334).
Es necesario explorar su potencial como herramienta, así como el de otros recursos digitales (como las redes sociales; ver Chávez, 2025). Al hacerlo, conviene considerar la recomendación que dan autores como Cassany (2024) y Chávez-Martínez (2026) para un uso académico: explicitarlo en el acápite metodológico, explicar cómo se usó, en qué etapas, con qué prompts (o cómo se entrenó a los agentes de IA). Estas recomendaciones son incipientes; frente a su rápida transformación, hay que apuntar a procedimientos flexibles que permitan interacciones más conscientes; se debe considerar lo señalado por Mondal (2025) y Fuente-Ballesteros y Zuin Zeidler (2026), en el sentido de repensar los actuales procesos, teniendo claros los objetivos y sin limitarse a identificar la artificialidad.
VI. Conclusiones
Detectar escritura generada artificialmente en un proyecto editorial permitió reflexionar sobre las posibles maneras en las que esta nueva tecnología engrana y contribuye a configurar la sociedad actual. Es un cuasi-objeto con capacidad de agencia en una red concreta (en términos de Latour, 1991/2007).
Las características de la convocatoria que origina la colección son centrales, determinaron cómo sería la interacción con la IA. Estaba dirigida a estudiantes de secundaria de todo el país, quienes actualmente experimentan bastante con esa herramienta (o conjunto de herramientas). También es relevante el tipo de documento: recopilación de memoria oral. Lo oral y lo artificial parecen estar en dimensiones opuestas, pero interactúan de formas particulares. Así, existe un margen para que lo artificial deje su marca en la cultura.
Durante todo el tiempo que duró el proyecto, se debía lidiar con relatos generados con esta tecnología; el trabajo editorial procuró ser responsable al identificar y separar lo humano de lo artificial. En ese sentido, en este artículo se describieron algunos indicios que ayudaron a diferenciarlos, tanto desde la forma (en los signos de puntuación “correctos”, la redacción estereotipada y otras) como desde el contenido (con las conocidas alucinaciones) y pueden servir a otras personas interesadas en analizar o identificar lo artificial.
En el proyecto estudiado, editorialmente se debía hacer todo lo posible por diferenciarlos, porque un texto producido con IA y publicado por el Estado puede legitimar elementos ajenos a las culturas nacionales. Sin embargo, no se trata de causar alarma sobre posibles “contaminaciones”. En la memoria queda lo que la gente apropia. La oralidad no es estática, no es el repositorio de la “esencia”.
No se trata de satanizar esta tecnología, se debe entender cómo interactúa con la sociedad y reflexionar sobre cómo se vive su influencia en distintos espacios. En la educación plantea el reto de pensar cómo se la imparte y qué debería cambiar para que “engañarla” no sea una alternativa conveniente, lo que puede significar transformar la manera de evaluar y la relación con la adquisición de conocimientos y habilidades. En el trabajo de edición cada vez se encuentra más textos artificiales, necesariamente se tendrá que trabajar este tipo de redacción; para eso hay que entenderla y pensar cuáles serían los límites aceptables al enfrentarla, según el proyecto en cuestión. Esta herramienta ya es parte del mundo actual, no se la puede prohibir o ignorar. Queda identificar su presencia y analizarla en sus distintos usos (que no siempre se restringen a copiar y pegar los resultados). En este artículo simplemente se dio un ejemplo.
Todavía se puede reconocer la IA desde algunas de sus deficiencias, pero es una herramienta en constante perfeccionamiento. Con el tiempo, puede ser más difícil notar la diferencia entre lo humano y lo artificial (más si las y los autores adquieren su estilo). Con mayor integración en la sociedad y en las vidas de las personas, hay que aceptar que influirá en múltiples aspectos; es necesario analizarla donde se la pueda reconocer, así también entender y orientar la manera en que se utiliza, no solo dejar que funcione sin considerar las transformaciones que propicia.
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Sobre el autor: Sociólogo por la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), editor, maestrante en el CIDES-UMSA. Docente investigador en el Instituto de Investigaciones Sociológicas (IDIS-UMSA), en el área de edición. Autor de la investigación Adaptación y organización vecinal ante inundaciones: Caso del barrio 18 de Agosto de la ciudad de la Santísima Trinidad. Fue bombero voluntario en los incendios forestales de la Chiquitanía (Santa Cruz). Estudia las relaciones sociedad-naturaleza en contextos de desastres naturales.
Nota: Declaro que ningún tipo de conflicto de intereses ha influido en la elaboración de este artículo.